Recuerden, tienen hasta el 31 de Mayo para entregar sus cuentos para participar en este certamen.


La dirección es:

Dra. Carmen Dolores Hernández
Nuevo certamen del cuento
El nuevo Día
Box 9067512
San Juan, PR. 00906-7512


Todos aquellos que quieran participar, recuerden, tienen que ser mayor de 18 años y ser residentes de Puerto Rico. Otra cosa bien importante, NO PONGAN SU NOMBRE EN EL CUENTO. TIENE QUE SER FIRMADO POR UN SEUDÓNIMO. Las reglas oficiales están en la página de internet del Nuevo Día.

-Este concurso no está afiliado con la revista Kortos.

¿Cuántas veces te has encontrado con un cuento, o una novela, que te inspira a escribir? Para mí, montones -Claro, eso depende en lo que decidas leer. Mucha gente no sabe qué leer, o cuál es su género favorito, etc. La verdad es que con tanto para escoger, es difícil saber donde comenzar-.

Como quiera, de las cosas que más me perturba en discusiones de literatura es cómo deciden cuales son los libros ‘mejores’. Determinar el valor de un cuento es simple. Sin embargo, se ha complicado últimamente hasta llevar el proceso a un nivel ridículo. Creo que se ha perdido la noción de que el lector es quien realmente decide qué de lo que se lee es bueno y qué no.

El rol de los autores es proveer contenido para los lectores. El rol de los lectores es, obviamente, leerlo. Los críticos literarios son una ridiculez absurda que existe completamente aislada de la realidad de los lectores. Los críticos hacen lo mismo que los lectores, leen los libros y los recomiendan, o no. Pero, lo hacen casi siempre desde una perspectiva un poco distanciada de lo que los lectores perciben como su realidad literaria. Los lectores normales no comparan libros o cuentos con otras obras clásicas, ni encuentran todos los detallitos escondidos que se tienen que estudiar para entender.

La verdad es que, aunque muchas cosas tienen que ver, lo que se tiene que entender es que las razones reales son las más imparciales.

En su defensa, la mayoría de los críticos reseñan algo principalmente para escritores, o expertos como ellos, que buscan leer algo que les prometa una aventura más provechosa. El propósito de lo aquí escrito no es hablar mal de los críticos literarios.

Volvamos al tema principal. Ya que se puede analizar los diferentes roles con más detalle, es fácil ver por qué el lector es quien realmente decide qué es un libro clásico y qué no. Su determinación sólo es basada en otros aspectos, algunas de las que tal vez los autores no están consientes.

¿Qué define una novela clásica? -Y no hablo de estilo, ni periodo literario. Me refiero a lo que convierte una novela en una clásica-. La verdad es que, aunque muchas cosas tienen que ver, lo que se tiene que entender es que las razones reales son las más imparciales. Todo se simplifica a cantidad de unidades vendidas, y la opinión general del público. El análisis crítico no tiene que ver, no importa. Si la técnica del autor es considerada mala por los demás escritores pero el libro vendió tanto que nunca ha dejado de tener ediciones, crea un furor de películas y adaptaciones y juguetes y todo lo demás… desafortunadamente ese libro tiene potencial para ser un clásico. Porque ESO es lo que determina el valor de algo escrito, la reacción y el recibimiento del lector. Lo demás son opiniones.

Hoy me encontré con un supuesto escritor (De los que no 'viven' de lo que escriben. Si no, de los que tal vez publican un libro o algo así en sus vidas, y adoptan el título de 'Escritor' por su cuenta.) que, además de hablar un montón de bazofia, me comentó que estaría hablando acerca de un libro que publicó de cuentos eróticos (ha, impredecible...) en una conferencia/exhibición que estarán dando pronto en PR. Sin embargo, su familia le había comentado que querían ir y querían leer el libro. 



Obviamente, como toda buena familia querría.



Pero aquí dijo algo que me captó la atención y me llevó a tener una discusión con él. Me dijo que no quería que sus familiares leyeran el libro porque los cuentos son 'fuertes' y gráficos. En otras palabras, se abochornaría de lo que escribió. Lo que me llevó a mi pregunta...



¿PARA QUÉ ESCRIBIR ALGO QUE TE ABOCHORNA?



El propósito de escribir un cuento, una novela, un ensayo, etc. etc. etc. es que TIENES ALGO QUE DECIR. Preferiblemente, algo que valga la pena escuchar, o, como en este caso, leer. Si escribes algo que no te gusta, o te abochorna, o no quieres que lean, ES PORQUE NO LO QUIERES ESCRIBIR DESDE UN PRINCIPIO! 



Si no defiendes lo que escribes, no vale la pena escribirlo. La misión de todo autor es pararse firme detrás de todo lo que escriba, o publique, con la frente alta, con los brazos cruzados y un letrero que diga: "Sí, lo escribí yo. Si no te gusta, no lo leas." Pero esa pendejá de que no quieres que lean lo que tú mismo escribiste, porque te abochorna... ese 'autor' no merece misericordia, ni respeto.

Despues de tanta espera, finalmente podemos decir que tenemos una página de internet.
La revista Kortos es la primera revista de Puerto Rico enfocada en publicar cuentos exclusivamente. No encontrarás babosería de gente que no conoces, ni opiniones que no reflejan las tuyas.

SÓLO CUENTOS.

Aquí les doy la dirección:


www.cuentoskortos.com



Para enviar cuentos, los pueden enviar directamente a este email: revistakortos@gmail.com

Pero visiten la página para que vean las reglas de acceptación.

Eventualmente se publicarán cuentos exclusivos de la página de internet, adicional a los que se impriman en la revista.

Pronto se estará haciendo publicidad en varios periodicos, etc.

Así que visítenla, y envíen cuentos!

Es difícil encontrar un cuento que pueda contener todas las características de un género literario, en un lugar; un cuento que recoja todo lo que ‘hace’ un género. José Luis González no solamente logró reunir la esencia del realismo en un cuento, lo hizo en uno corto.


‘La carta’ es quizás el relato más famoso de él, aunque recibió multitud de premios por otras obras y libros publicados. Su estilo nunca deterioró. Siempre mantuvo una forma estándar cuando escribió, sean novelas, cuentos o ensayos. Sus temas eran puros realistas, acerca del menosprecio y la opresión del puertorriqueño en el mundo real. En ‘La carta’ vemos un vagabundo escribiéndole a su madre, mintiendo acerca de su condición económica. Nos deja con un sabor amargo y triste. La pena es un valor importante en la mayoría de la literatura de José Luis González. En casi todos sus relatos hay por lo menos un personaje que sufre de algún cantazo emocional, o experiencia un cambio de percepción del mundo.


El lenguaje de José es bien fácil de entender. Aunque imita el hablar cotidiano, no utiliza un español rebuscado. Sus narraciones son simples, cortas y cualquier lector puede terminar sus cuentos y entender todo. No es un rasgo común en el realismo. Quizás hasta su escogido de palabras era una crítica al mundo. Tal vez decidió no usar palabras difíciles. Nunca sabremos.


"...el realismo no debe ser un movimiento literario, ni arte. Es un pedido de ayuda, es una advertencia..."

‘La carta’ es un relato corto pero es sumamente amplio en significado. Las connotaciones sociales que implica son agravantes. La crítica social es sólo pareja a la indiferencia del ser humano. Toca tantos temas simples con unas pocas palabras. La narración de este cuento es interesante, porque mezcla un narrador omnisciente con otros personajes. Se puede ver en otros cuentos de González, cómo los narradores cambian a través del relato. El juego con la forma de contar la historia es una de las cosas que más entretiene al lector, y más da ganas de seguir leyendo. Es algo constante en González y puede ser una herramienta importante si es utilizada bien. El narrador omnisciente es clásico, sin embargo la mayoría del cuento es contado de una manera moderna, mostrando los datos incubiertos.


Sus finales siempre dejan al lector en un estado pensativo, y en este caso es igual. El tema es tan cotidiano y cultural, que el lector no tiene más remedio que reflexionar un poco de su propia vida. Las implicaciones y el juego de narradores es perfectamente usado.


José Luis González sirve como una inspiración a todo autor, ilustro o nuevo. Es más, sirve como una inspiración para el mundo entero. Toda la literatura Realista trata de convencernos de que hay algo en la vida que se debe mejorar, que estamos haciendo algo mal -aunque nos lleva a pensar que el autor es igual a nosotros y, por ende, hace las mismas cosas que el resto de los habitantes. Entonces, ¿por qué tan justificado el autor realista? ¿Se cree diferente?- y los autores realistas utilizan la literatura para tratar de cambiar el razonamiento crítico y el comportamiento de la audiencia. En teoría, el realismo no debe ser un movimiento literario, ni arte. Es un pedido de ayuda, es una advertencia de que estamos empeorando nuestra calidad de vida.


Quizás por tener autores tan efectivos como José Luis González, quien escriben cuentos y novelas tan ricas para leer, tan importantes para la literatura que se deben mantener como tesoros históricos, que han convertido el realismo en una herramienta comercial, se ha perdido el significado real y el propósito del realismo literario.

Quizás el Naturalismo es realmente la belleza más pura, la similitud más cercana, el sinónimo real del arte. La cruda realidad, a veces de mal gusto, es probablemente de los aspectos más importantes en la literatura mundial. Somos animales, al fin, y lo escrito acerca de nosotros debe representar la verdad. Luís Bonafoux se luce ante muchos otros, al traer una realidad en papel que mezcla diversos géneros y opiniones, y establece una posición única, si no dominante, ante los demás.

El cuento ‘La carne rubia’, escrito en el 1886, demuestra perfectamente el estilo particular de Bonafoux. Obsesionado con el Naturalismo, sus descripciones tienden a ser severas y tocan los temas de una manera fuerte. Pero, ¿qué diferencia a éste de los demás? Bonafoux escribe un Naturalismo diferente, respectivo probablemente a algún gusto personal de él. Llamaré este estilo de Bonafoux ‘Naturalismo Liviano’. ¿Por qué liviano? En los cuentos de Luís siempre se encuentra lo ‘feo’ del Naturalismo pero lo adjunta a una trama más liviana de lo normal. No entra en muchos detalles de sus personajes, no explica el cómo, o porqué las cosas se deben a como son, ni cómo deben mejorarse. Sus temas no son del bajo mundo –la mayoría de las veces-, y tal vez lo más particular de Bonafoux es que siempre incluye un elemento humorístico.

...es bueno recalcar en estas lecturas porque van más allá de un cuento, son una estampa universal; son relatos de humanos, para humanos.

‘La carne rubia’ es un cuento terriblemente triste. Tenemos un hombre, Manolo, que aunque siempre había sido excéntrico, ateo y ermitaño, se enamora. Se enamora con una magnitud increíble, de una muchacha hermosa. Ante sus amigos él demuestra una indiferencia ajena pero en privado es completamente lo opuesto. Le confiesa a su mejor amigo, un día durante un paseo, que hacen el amor carnal constantemente y que todo con ella es tremendo. Aunque él la rechazó anteriormente, se rindió ante ella indefenso. Resulta todo en un matrimonio de verano. Manolo la deja, comparando su vida con una herida infectada que tiene que hacerle un tajo para que se mejore. Su incapacidad de comprometerse a una relación, lo lleva a herir la mujer que ama y a él casi lo mata. Trata de justificar sus acciones con argumentos vacíos, cuando el mismo cuento te demuestra los sentimientos reales de todas las partes.

El cuento demuestra una mentalidad confundida de un hombre pero expone varios puntos mas humorísticos en sus personajes. Los dos principales, Manolo y Juan, son mejores amigos pero son opuestos. Son la representación del bien y el mal. Uno es precavido, amigable, cuidadoso y gentil, mientras Manolo es lo contrario, un rebelde sin causa, que prefiere el aislamiento y los amores rápidos. No es lo único cómico que escribe el autor en el cuento, de vez en cuando se lee algo que da gracia, aunque sea un humor seco. En un momento comenta sobre el matrimonio de Manolo: “Eso bueno tienen los matrimonios en coche: se disuelven tan pronto como deja de rodar el vehiculo.” En otra ocasión, Juan entra a la casa de Manolo y éste está caminando por su sala con un maletín, la explicación de Manolo es “…viajo un poco por mi sala.”

Bonafoux toma mucho cuidado con sus descripciones. Describe el área donde vive Manolo como un campo frío y desolado, el camino para llegar ahí era horrible. Al principio, presenta el hogar de Manolo como una casita con un paredón mohoso, con árboles limpios por el invierno; “una tumba a flor de tierra”. Y al final, el paredón mohoso y los árboles secos en la distancia, con la silueta de Manolo, es una de las imágenes más tristes en todo el cuento.

El lenguaje de Bonafoux es divertido. No es demasiado rebuscado, ni muy simple. Es fácil de leer y nada distrae al lector. La trama no es difícil de creer, es bien humana. Tiene un humor casi picaresco, casi retando al lector a reírse. Incluso, tal vez un chiste interno, hace referencia a sí mismo y a otros escritos de Bonafoux, como si Manolo fuera el autor.

Es un tremendo cuento que utiliza elementos de varios géneros y estilos. Se puede notar un final que no es ‘efectista’, o exagerado. De hecho, el final cierra con un toque de humor irónico: “…y sobre todo, coma usted mucha carne rubia”. Es un final suave, sencillo, normal. Como si el mundo no terminara en esa última página.

El cuento, y todos los trabajos literarios de Bonafoux son eternamente recomendados. Para generaciones nuevas y antiguas, es bueno recalcar en estas lecturas porque van más allá de un cuento, son una estampa universal; son relatos de humanos, para humanos.

Un día lindo

-Lleva todo el día haciendo calor y ahora nos estamos congelando. No entiendo este maldito desierto…

-Sólo llevamos dos días aquí. ¿Ya te vas a quejar de todo?

-¡Sí!

Los amigos rieron juntos, mientras hacían su ronda de guardia. La noche era silenciosa y escalofriante. Las barracas eran como un panal vacío. Sólo los soldados en guardia andaban visibles. Sus pisadas levantaban leves nubes de arena tan fina que parecía polvo. De noche el suelo del desierto entero se veía blanco, como si caminaran en sal. Fabián miraba a su alrededor, aunque la luz de los focos estacionarios no dejaban ver más de varios pies de distancia. Todo alrededor de ellos era una pared negra. Un abismo horizontal. Una boca abierta con ellos en el centro. La noche los encarcelaba. David, a su lado, inspeccionaba su rifle y caminaba por instinto. Escupió y dijo con tono de aburrimiento:

-¿Para qué tenemos que hacer estas malditas rondas? No es como si alguien nos fuera a invadir. Es más, apuesto un día de descanso a que nunca ocurre algo mientras estamos en esta base. De hecho, ¿cuánto tiempo es que estaremos aquí?

-Ya te dije, cuarenta días. Después nos movemos hacia otra base para hacer exactamente lo mismo. Y ojalá no veamos algo raro mientras estamos aquí, tú serías el primero en salir corriendo.

-Claro, Fabián, se me olvida que eres el valiente…

*****

-¡Fabián! Chico, te espaciaste de nuevo. ¿Me escuchaste?

El joven despertó y se sobó los ojos. Se rascó la quijada sin afeitar. Respiró hondo y botó el aire a la misma vez que comenzó a mover su silla de ruedas.

-Perdóname, Julio…

-Ya qué importa. No haces más que dormir, pendejo.

El grupo de amistades se rió en conjunto. Fabián siguió empujando su propia silla, estoico hacia el insulto repetitivo. El día era claro, la brisa refrescante. El puente por el que andaban se meneaba con el paso de los autos. Debajo de ellos el agua parecía incitar a zambullirse en sus honduras. El oleaje era rápido, la corriente parecía empujada por el aire. Todo a su alrededor tenía algo que hacer.

-Mejor pregúntame otra vez y ya.

-Te pregunté si te recuerdas de cuando nos encontramos en el hospital. ¿Te recuerdas de ese día?

-Claro.

Julio se volteó hacia las amistades que los acompañaban:

-¡Llevaba tres noches corridas llorando como una nena! Fui a su cama para decirle que se callara la boca y ahí fue que me di cuenta de que era Fabián. Hacían cuatro años que no lo veía.

Fabián ni cambió su vista del horizonte. Se le hacía fácil ignorar las acusaciones vacías. Julio acomodó su brazo derecho, guardó la mano en su bolsillo para que no estorbara.

-Tuve que quedarme con él casi todo el tiempo, porque si no se volvía una mierda solo.

-No fui el único que volvió herido…

-¡Herido volví yo! Tres balazos en el pecho y uno en la pierna. ¡Tú llegaste apendejáo’!

Los autos en el puente corrían veloz. El eco de sus motores era fuerte, tan cerca de ellos, que le incomodaba a Fabián. Sus brazos seguían empujando las ruedas de su silla…

*****

Un ruido momentáneo, como el deslice de una culebra en la grama, hizo detener a Fabián. David siguió hacia delante.

-¿Qué te pasa?

-Creo que escuché algo.

Esperó un instante, mirando la sombra gigante que parecía consumir el planeta sólo a unos pies de él. Le pareció ver algo moverse pero no estaba seguro. No pudo definir… en el borde de la luz vio la arena blanca moverse.

-Algún animal, o algo así.

-Puede ser.

Siguieron caminando. Detrás de ellos sintieron otros soldados que también tenían ronda de vigilancia. Eran de su tropa. Fabián se volteó para saludarlos y lo que recibió fue una salpicadura de sangre en la cara. El cuerpo del soldado cayó inmediatamente al piso, con un roto en la frente. A Fabián le tembló el labio. David lo agarró y se tiraron al suelo. Rápidamente se encendió una alarma y los focos de emergencia brindaron aun más luz al campamento. Estaban rodeados. Figuras negras, encapuchadas, escondidas entre las dunas y la arena, comenzaron a disparar hacia el interior de la base. Los demás soldados corrieron, esparciéndose por el perímetro como hormigas. En la luz se podían ver balas volar por milisegundos hacia ellos. Fabián miraba a su alrededor, sin saber a donde apuntar su rifle; todo se convirtió en un escándalo, un tumulto de ruidos, griterías, disparos, órdenes. Sintió el agarre de David en su espalda, jalándolo a sus pies.

-¡Sígueme!

Corrieron a ciegas por el desorden, el eco abundante a su alrededor…

*****

-Llorabas tanto que tuve que darte algunas bofetadas, para que te tranquilizaras. Estabas loco por morirte. Cuando nos dijeron que nos iban a traer devuelta yo les dije que no quería, que yo estaba bien; yo podía seguir luchando pero los muy cabrones me rechazaron.

-Tienes un brazo paralizado, Julio. ¿Qué pretendías que fuera a suceder?

-¡Sólo hace falta una para disparar! Yo todavía soy útil. No como tú, que te jodiste.

Eran los únicos dos veteranos en el grupo de amistades. Fabián se burló del último ataque personal. Julio nunca cambiará. Se detuvieron cuando escucharon un chillido de gomas y una bocina. El impacto de los automóviles retumbó por todo el puente y a todos lados cayeron pedazos de vidrio. La bocina de uno de ellos se quedó encendida, mientras el humo comenzaba a regarse por el aire.

Los muchachos miraban desde lejos, hasta que se encaminaron hacia el accidente. Todo sucedió en un instante. Un auto que venía demasiado rápido, conducido por una adolescente, se estrelló contra los carros detenidos y voló. Fabián siguió con la vista cómo el auto se descarriló y se trepó en el borde. Ondulaba entre una mitad sobre agua y la otra sobre el puente. Permaneció quieto, estable, nadie se movió por miedo de que se terminara de perder el equilibrio. Fabián observó la joven que estaba sentada dentro, aterrorizada. Ella le devolvió la mirada. Y con un crujido de metal, como un último grito de auxilio, lentamente se cayó al agua…

*****

Cayeron en un refugio pequeño, una trinchera ocupada con dos compañeros y una metralleta estacionaria. Fabián permaneció sentado y vio uno de los soldados caer muerto a su lado. David miró sobre la superficie y disparó sin rumbo con un grito salvaje. Una explosión sonó demasiado cercana y parte de los escombros se desbordaron hacia el centro de la trinchera. Fabián se cubrió la cara y trató de ponerse en cuclillas para disparar junto a David. Sus piernas lo traicionaban. Sujetaba el rifle como a un hijo. Alguien le agarró el cuello de su uniforme y lo levantó.

-¡Dispara, coño!

Fabián apretó el gatillo y lanzó balas hacia la oscuridad. Frente a él, la arena explotaba cuando las balas perdidas se enterraban. Vio compañeros corriendo, vio más muertos. David recargaba su arma.

-¡Tenemos que salir de aquí!

-¿Cómo? -respondió Fabián.

-Cuando yo te diga, corre hacia el centro de la base. Ahí estaremos más lejos. Yo te cubro. Cuando llegues, grita mi nombre, yo salgo y tú me cubres.

Fabián miró detrás de él, todo lo que tenía que correr. Las piernas le temblaban pero se preparó. En ese instante una granada cayó dentro de la trinchera.

-¡Corre! ¡Corre!

Fabián y David, ambos brincaron sobre el borde y corrieron. Un segundo después la trinchera explotó con un soldado todavía adentro. La explosión los tumbó al suelo, y Fabián escuchó un grito de David. Rápidamente miró hacia su amigo y lo vio boca abajo y gritando. La explosión le había quemado la mayoría del rostro y le faltaba una pierna. Levantó la mano hacia Fabián, llorando algo incomprensible. Fabián no podía creer lo que veía. Se puso de pie, aterrado, petrificado. David lo llamaba pero Fabián se encogía del miedo. El instinto lo sobrecogió. Dio la vuelta y se fue corriendo, dejó a David atrás. A su espalda escuchaba los gritos de su mejor amigo, alejándose de él como un recuerdo antiguo.

Corrió por encima de cuerpos, entre disparos cruzados, junto a más explosiones, ignorando órdenes que le gritaban sus superiores y llamadas de ayuda, sólo buscando refugio. Sintió un pinchazo en la cintura. Cayó desbocado. No podía respirar. Se pensó muerto. ¡Un disparo! ¡Le dieron! Agarró la arena, aunque no sentía dolor. Decidió tratar de entrar en una de las barracas. Se trató de levantar pero no podía. Las piernas no respondían. Trataba de patear, de moverlas, pero nada. Fabián gritó de llanto, gritó de miedo. Se agarró una pierna y no la sentía. Buscaba a su alrededor pero estaba solo. Sollozó…

*****

El pánico se regó por el puente. Todos fueron al borde a ver el auto hundiéndose lentamente entre las olas. <<¡Socorro!>> Gritaron. <<¡Alguien ayúdela!>> Las redes se llenaron con llamadas telefónicas.

Fabián observaba el auto. Sus amistades eran de los primeros en llegar al borde. Todos miraban desde lejos, todos pedían ayuda, todos querían algo de alguien más. Se trepó al borde, con esfuerzo extremo de sus brazos, y logró voltearse hacia el agua. Respiró hondo y se dejó caer.

El impacto le dolió más de lo que esperaba pero logró llegar hasta donde había caído el auto. Se zambulló y se empujó con sus brazos lo más que pudo. En la oscuridad del océano no podía casi ver. Siguió descendiendo hasta encontrar el auto, vertical y como una roca. Se acercó a la ventana y vio que la joven le estaba dando con sus manos al cristal. Estaba corto de aire.
Le hizo señas de que se alejara y sacó de su bolsillo una navaja. Le pegó con el talón al cristal y como un torbellino entró el agua en el auto. La muchacha agarró la mano de Fabián y se empujó hacia fuera. Siguió nadando hasta la superficie.

Fabián se empujó con sus brazos pero ya estaban débiles. Necesitaba demasiada fuerza para subirse y no tenía suficiente aire. Dejó de moverse. Flotaba entre toda esa agua libre. Hacia arriba la vista era increíble. La ondulación del agua parecía cristal. El sol era un diamante vivo. Acá abajo los sonidos y los recuerdos se amortiguaban. Todo se alejaba. La realidad no dolía.

Fabián sonrió.

El día realmente era lindo hoy. Y por primera vez en mucho tiempo, Fabián no sintió miedo.


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